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Lunes, 21 de Diciembre de 2020, a las 17:12

Poesías ganadoras del I Certamen de Poesía Bibliotecas Municipales

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A continuación, compartimos las poesías premiadas en las diferentes categorías correspondientes al I Certamen de Poesía Bibliotecas Municipales Santa Cruz de Bezana.

 

 CATEGORÍA A

 

PRIMER PREMIO

 

FUERA EL ABUSO, de Naia Paredes

Injusticia, odio,

sentir que van a por ti

es un agobio.

 

Es uno de nosotros,

es un ser humano,

pero pensáis que es inservible como un trasto viejo

o pequeño como un gusano.

 

Llevar a tu hijo al colegio,

llevarlo a sufrir,

qué dolor debe de estar pasando su madre,

un dolor que no debería existir.

 

Diréis que sólo son palabras,

pero hacen daño al corazón,

y no se soluciona con tan sólo pedir perdón.

 

El es listo y gracioso,

pero lo más importante es que es muy bondadoso,

ayuda a los demás y tiene un corazón gigantesco,

¿Y os reís de él por esto?

 

Pues pensadlo dos veces si lo vais a volver a hacer,

porque si tiro un vaso de cristal al suelo, no se vuelve a recomponer.

 

Y por eso es mi amigo,

porque piensa en los demás, cosa que todavía personas

no han llegado a hacer jamás.

 

 

SEGUNDO PREMIO

 

PÁJAROS Y MARIPOSAS, de Mateo Marcos

 

No sé si sabré hacer una poesía,

pero lo intentaré

a lo largo de este día.

 

Las poesías hablan de alegría y amistad,

pero este poema

es distinto a los demás.

 

Tiene versos diferentes

a todo lo que he leído,

es distinto a los demás,

porque ¡este poema es mío!

 

Si yo supiera, hablaría,

de pájaros y mariposas,

pero lo que aún no sé es,

¡cómo rimar tantas cosas!

 

Voy a seguir practicando,

para ser un gran poeta, siempre rimando y rimando,

hasta llegar a mi meta.

 

 

TERCER PREMIO

 

MI BIBLIOTECA, de Jimena Calleja

 

Cuando voy a la biblioteca

cojo Tea, Kika y muchos personajes más

que me harán con sus historias reír y soñar,

para crear nuevos mundos y la imaginación dejar volar.

 

Cuando voy a la biblioteca

cojo un libro para leer y aprender

miro si me gusta y le puedo entender

para así cuando me toque poderle devolver.

 

CATEGORÍA B

 

PRIMER PREMIO

 

ODA AL ARREPENTIMIENTO, de Hugo Barriga

 

Sentado en la hierba a orillas de una colina,

escuchando el silencio pasar a lo lejos,

sintiendo como es mi cabeza la que domina,

haciéndome notar hirvientes los míos tajos.

 

Tajos hondos ganados en guerras internas,

batalladas ellas sobre un campo ya negro,

donde el dolor se oye y el ruido emperna,

donde lo insano anda al paso de un allegro.

 

¿Qué se siente al no sentir nada, lo sabes tú?

Eso a mí me queda remoto por mala vida,

recorrida por un necio que cruza un bayú,

pero allí no hay clemencia para quien la pida.

 

Un lazo que rodea mi cuello me impide oír,

que la culpa lanza, al culpable alcanza,

un cañón poseo con el que podría huir,

aunque eso implicaría perennemente morir.

 

SEGUNDO PREMIO

 

LA LUNA, de Juan Laverde

 

Sola y callada se ve en la oscuridad

Se ve acompañada de un cielo rosa

Maravillosa, espléndida y hermosa

Nos trasmite alegría y felicidad

 

Símbolo de paz, amor, tranquilidad

Con una creación muy desastrosa

Que te trasmite muchísimas cosas

Y para otros, símbolo de igualdad

 

Cuando me para a contemplar su estado

Y la gente no contempla este acto

Ella, tan brillante como ninguna

 

Tendrá con el universo un pacto

Que Dios mejor cosa nunca ha creado

La increíble belleza de la luna

 

 

TERCER PREMIO

 

CUANDO TODO TERMINE, de Jorge Martín Cardenal

 

Cuando de vida se vuelvan a llenar las calles,

cuando tras nuestros esfuerzos esta locura acabe,

cuando las jaulas se rompan y podamos volar,

cuando los hospitales al fin vuelvan a la normalidad,

 

¿Caminarás este sendero a mi lado

como buen amigo, como buen hermano?

 

Cuando todos nos podamos volver a reunir,

cuando la humanidad mire al pasado y se pueda reír,

cuando se revele si algo hemos aprendido

de este mal trago que nos dejó malheridos,

 

¿Caminarás esta senda conmigo

para reconstruir todo lo que se ha perdido?

 

 

CATEGORÍA C

 

PRIMER PREMIO

 

LA CAJA TONTA, de Vicenta Hernández

 

La caja tonta la llaman

y yo la tengo a mi lado,

la caja tonta la llaman,

pero yo, nunca la apago.

 

Con luces y colorines

muchos ratos me distraigo,

para olvidar amarguras

dolores y desarraigo.

 

¿Dolores digo? Si, muchos.

 

Porque mis hijos se han ido,

porque no tengo ni “un Chucho “

que ladre y juegue conmigo,

ni una palabra a mi lado

que diga: “Te quiero mucho “.

 

Saltaba yo como un Gamo,

por las pendientes bajaba,

lo mismo que un riachuelo

corría por la montaña.

 

Iba corriendo a la escuela,

a los recados ¡volaba!

Cuidaba de mis hermanos,

ayudaba a madre en casa….

 

Luego ya de jovencita,

14 años contaba,

cuando salí de la escuela,

fui a trabajar a la fábrica.

 

Entre malas compañeras

pasé la primera etapa,

lloré lágrimas a mares

en aquella edad temprana.

 

Apenas a los dos años

me llamaban ¡Oficiala!

Y enseñé a otras jovencitas

que a la fábrica llegaban.

 

Con el tiempo tuve novio,

con el tiempo fui casada,

pero seguí trabajando

para ayudar en la casa.

 

Yo no tenía pereza,

y yo jamás me cansaba,

niños, trabajo, marido…

¡como un Jilguero cantaba!

 

La enfermedad a mi puerta

también llamó una mañana…

y ya desde aquella hora

asidua nos visitaba.

 

La vamos sobrellevando

con resignación y rabia,

ya que se nos ha pegado

como cruel garrapata.

 

Y ahora que ya con los años

solita estoy en mi casa

yo tengo por compañera

MI CAJA TONTA DEL ALMA.

 

 

SEGUNDO PREMIO

 

¿VOLVERÁ LA NAVIDAD ALEGRE COMO OTROS AÑOS?, de Rosa María Fernández

 

Cuando vea que no hay Fiestas

y que hay mucha gente en paro,

cuando no se oigan campanas

repicando a fin de año,

 

que están vacíos los parques,

que no hay niños correteando,

ni gente tomando el sol,

ni mayores paseando

 

y que las hojas de otoño,

azotadas por el viento,

silenciosas y marchitas

se amontonan en silencio,

 

que hay que mantener distancias,

que no habrá besos ni abrazos,

¿volverá la Navidad

alegre como otros años ?

 

Y al ver las calles vacías,

todos en casa encerrados,

¿pensará la Navidad

que ya la hemos olvidado?

 

o quizás ya no recuerde

que se celebra en diciembre

porque no hay nadie que asista

a su cita como siempre.

 

Hay que desterrar las penas

y alegrar los corazones,

volverá la Navidad

cargada con ilusiones

 

y cuando llegue y se encuentre

que estamos de vacaciones,

que cantamos villancicos

y que comemos turrones,

 

se sentirá jubilosa,

verá luz en nuestros barrios

y entonces se dará cuenta

que la estamos esperando,

 

que caminamos sin miedo,

es tortuoso el camino

y luchamos con orgullo

hasta llegar al destino,

 

pues la vida no se para,

siempre va para adelante,

aunque a veces, si paramos,

descubrimos lo importante.

 

Por aquellos que se fueron

y nos dejaron sus sueños,

porque lo más importante

es que están en el recuerdo,

arriba en el firmamento

una estrella está brillando,

volverá la Navidad,

la estaremos esperando.

 

 

TERCER PREMIO

 

EL CAMINO DE LA ESCUELA, de Carmen Ruiz

 

Eran felices las mañanas de la infancia,

madrugadas de trenzas apretadas

que pugnaban por huir alborotadas,

los zapatos, con las suelas desgastadas,

atrapados en la urgencia y en el barro,

jubilosos y deudores del apremio de

unos pasos que la prisa encaminaba

hacia el lugar donde el saber apetecía,

mientras la dulce inocencia se esfumaba

enmascarada de miedo desertor y fiebre fría.

 

Compartíamos camino con hermanos

amparados por su aura protectora;

su dominio de mayores sobre el miedo

les mordía como guijo en el calzado.

Las carteras aferradas por el asa,

apretadas como hallazgo de un tesoro,

y cerradas las hebillas cual candado

protector de un gran secreto sucesorio

oculto en su interior, junto a los bolis.

 

El ladrido del perro de un vecino,

la ventisca levantándonos la falda,

aguaceros de lluvia en los maizales

o el ardiente calor del sol que avanza.

La intemperie poniéndonos a prueba,

la dureza de un clima admonitorio,

el consejo de vivir cual centinela

que presagia algún desastre obligatorio.

 

El escaso trayecto de cien metros

que la inconsciencia calibraba en varias yardas.

Llegar por fin al vértigo descrito:

al calor de aquella escuela que era calma.

 

 

 

 

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